'The Cube', una de las mayores instalaciones privadas de medición electroacústica del mundo, una sala vacía con unas dimensiones de 12 x 12 x 13 metros. Desde el diseño, se utiliza en todas las fases de desarrollo del producto. Su enorme tamaño permite medir la respuesta acústica sin que el sonido rebote en las paredes, el suelo o el techo.
'The Cube' nos ofrece la precisión que necesitamos para medir la frecuencia, la potencia y las respuestas direccionales de un altavoz. Sin embargo, no basta con obtener mediciones precisas. Para sentir realmente si la música cobra vida con el tono y el detalle adecuado, el oído humano sigue teniendo la última palabra. Solo cuando un altavoz llega a emocionarnos recibe el visto bueno para pasar a la fase de producción.
Un televisor de 103 pulgadas está suspendido de una grúa a un metro de altura, para dejarlo caer. Un altavoz, encerrado en un pequeño espacio confinado, está expuesto al equivalente a 20 cigarrillos diarios, durante todo un año.
Bienvenidos a 'The torture chamber', la instalación de pruebas más exigente de Bang & Olufsen, donde los productos son sometidos a tensiones y condiciones muy superiores a los límites convencionales.
Sometemos a nuestros televisores, altavoces y terminales a distancia a todas las adversidades imaginables para prepararlos para la prueba más dura de todas: el hogar. Toda una vida de condiciones extremas simuladas para garantizar que todos nuestros productos están fabricados para durar. Hasta el punto de probar la resistencia de nuestros los botones ante los efectos de diferentes tipos de sudor.
Aunque la mediciones precisas son cruciales, en Bang & Olufsen el oído humano sigue teniendo la última palabra. En 1981, reunimos por primera vez a nuestro panel de expertos, un grupo excepcional de personas cuidadosamente seleccionadas por su extraordinario oído. No solo se esperaba que distinguieran sutiles diferencias acústicas, sino que también tenían que comunicar exactamente lo que oían.
El secreto para lograr resultados de pruebas consistentes fue que cada prueba se realizaba exactamente de la misma manera. El altavoz se situaba detrás de una cortina para que el panel de expertos nunca supiera su tamaño exacto. Si el rendimiento no estaba a la altura de las expectativas, los expertos lo detectaban y el diseño se adaptaba hasta cumplir sus criterios.
Aunque nuestros métodos hayan podido evolucionar ligeramente, hay algo indudable: nuestro nivel de exigencia sigue siendo el mismo.